Durante su paso por los micrófonos de La Kalle, Danny Marín abrió el baúl de los recuerdos para revivir la entrañable hermandad que construyó con Yeison Jiménez. La complicidad entre ambos nació desde los inicios del cantautor caldense en la industria fonográfica, cuando coincidieron grabando un jingle comercial, forjando un lazo que con los años se transformó en un respaldo absoluto dentro y fuera de los escenarios.
El punto culminante de sus anécdotas ocurrió con una sorpresiva llamada telefónica. Con voz fingida a modo de broma, Jiménez le confesó a su colega que llevaba dos años enteros sin poner un pie en una discoteca y que deseaba regalarse una noche de fiesta descontrolada junto a su esposa. Sin pensarlo dos veces, el merenguero asumió el rol de anfitrión y diseñó una maratón nocturna por exclusivos bares de la capital para complacer a su amigo.
La velada no estuvo exenta de momentos insólitos. En plena fiesta, una asistente se acercó al artista popular sin tener idea de quién era y le preguntó directamente si se trataba de alguien famoso. Con algo de ironía e incomodidad pícara, Yeison respondió haciéndose pasar por Jhonny Rivera y hasta entonó uno de sus clásicos. La escena motivó a Danny a intervenir con sabiduría de hermano mayor, aconsejándolo entre risas sobre la humildad y recordándole que ya era una figura consagrada capaz de llenar estadios.
Aquel periplo festivo cerró con broche de oro entre interminables copas de tequila y abrazos llenos de gratitud. Para Marín, aquella intensa jornada nocturna representa el retrato más fiel de la sencillez de Yeison, un recuerdo imborrable que hoy atesora con profunda nostalgia en su memoria.